Utilidades de los hongos

Las setas que forman parte de exquisitos platos culinarios en nuestras casas o que vemos decorando prados y montes, son la fructificación de unos seres vivos llamados hongos. Estos pueden observarse simplemente al levantar con la mano la hojarasca de cualquier bosque. Entre los restos orgánicos veremos una especie de pelusilla, de telarañas o redecillas, que se encuentran uniendo fragmentos de materia orgánica. Estos son los hongos, esa especie de algodón que, cuando se dan unas condiciones adecuadas, forma una bolita que crece y de ahí se produce las setas. Los encontraremos también dentro de la madera, o sujetos íntimamente a las raíces de la mayoría de los árboles de nuestros bosques. Si bien, también existen otro tipo de hongos no típicamente filamentosos, pero no son el tema principal de este libro.

¿Y qué utilidad tienen los hongos? Estos seres vivos permiten que los árboles sobrevivan, salvan personas por todo el planeta y forman parte de la moda, la cosmética, la alimentación e incluso se tienen en cuenta en sectores como la aeronáutica o la electrónica, como veremos a continuación.

Usos tradicionales de los hongos

Existen numerosísimos libros donde se aborda el uso de las setas en la cocina. Sobre este tema, solo decir que las setas tienen un potencial muy grande debido a sus aromas únicos y peculiares texturas. Sin embargo aquí comentaremos breves pinceladas de otros usos en diferentes culturas, tiempos y regiones del planeta eso sí, restringiéndonos a setas que  se encuentran en la zona estudiada por este libro.

Un hongo muy curioso y con multitud de usos es el yesquero de abedul, Piptoporus betulinus. Carpóforos de este hongo fueron encontrados junto a un hombre de las nieves que se encontró en los Alpes italianos en 1991, y que vivió hace 5.000 años, el Ötzi. Al parecer lo usaba como medicina para los parásitos intestinales. Durante el siglo XIX, en Francia, era muy utilizado para afilar utensilios de joyería: se cortaba en láminas el sobrero, se pegaba a una madera y en la lámina se afilaban los utensilios. Uso similar se le daba a las láminas sueltas, que valían para pulir metales.  Su esponjosidad y resistencia permiten que hoy en día se puedan utilizar para clavar agujas y alfileres en los costureros de las casa.

Otro seta, el Lactario pimentero (Lactarius piperatus), también en Francia se utilizaba cocinado a la plancha, para detener hemorragias de los leñadores.

Un uso decorativo peculiar es el realizado por modistos del S. XX, que usaban el yesquero multicolor, Trametes versicolor, para decorar sombreros. Este bello hongo decorativo fue y es utilizado en la actualidad como una exquisita “hierba” medicinal para tratar catarros y problemas respiratorios varios, fluidificando las flemas y fortaleciendo las defensas. Allí tienen el nombre de kawaratake.

Antes de que Fleming inventara la penicilina, en Serbia y Grecia ya se usaban panes invadidos por mohos para tratar heridas e infecciones. Usos similares se ha encontrado en Sri Lanka, en Grecia y otros lugares del planeta. También España tiene su pequeña historia de uso de mohos como desinfectantes; en algunas zonas de León comentan sus habitantes del uso de pan mohoso como si fuera lejía, para desinfección de los suelos, eliminando así los malos olores.

Las setas del yesquero erizado, Inonotus hispidus, fácil de encontrar en plátanos de jardines de ciudades, en chopos y otras frondosas, se pueden mezclar con agua dando un tinte rojizo muy apreciado para teñir sedas y cueros. También se ha utilizado este tinte para pintar muebles de un color similar al cerezo.

El uso de los hongos para teñir no es algo anecdóticos. Ha sido utilizado por diferentes culturas en todo el planeta para teñir ropas y objetos. Así en Europa la seta de los tientes o seta mazo, Pisolithus tictorius, se usaba para teñir de pardo a oro diferentes tejidos. El color conseguido en la ropa depende del mordiente utilizado. En América del norte los indios usaban diferentes especies de setas para teñir sus tejidos y los colores era diferentes según el rango social. También en áfrica se han encontrado culturas que usan los carpóforos de los hongos para pintar sus ropas.

Existen en la actualidad varios libros sobre el tema que nos explican cómo hacer tinciones con hongos en casa. Especies de nuestra zona que tiñen de colores muy bonitos son: la citada seta de los tintes para marrones y oros, el yesquero blando de roble, Hapalopilus rutilans, para violetas muy bellos. Cortinarius sanguíneus y otros de su sección para rojos muy llamativos o por ejemplo el raro Boletopsis grisea para tonos verdes u olivas. Disponemos de una gama cromática enorme en las setas de nuestros campos.

Durante la Edad Media, mucha de la sabiduría se almaceno gracias a las setas. En los monasterios cristianos se recogió y protegió buena parte de todo el saber de la época en libros escritos con tinta de setas del género Coprinus. Así la exquisita barbuda o chipirón de monte, como también se llama a Coprinus comatus, se recogía y se dejaba transformar en una tinta negra. Esta característica también se encuentra en otros taxones del género, por lo que es muy posible que en estos libros antiquísimos haya una colección de esporas interesante. Más cercano en el tiempo, durante la Segunda Guerra Mundial algunos documentos oficiales del bando nazi también fueron escritos con tinta de setas.  Hasta que se averiguo esto no hubo forma de interceptarlos y falsificarlos.

Posiblemente la seta más conocida por su uso tradicional sea la yesca, seta del hongo Fomes fomentarius, que es muy localizada en madera de chopos muertos o caídos alrededor de los ríos. Esta seta da nombre a toda una serie de especies con formas similares. El hongo yesquero se ha utilizado tanto para encender un fuego como para trasladarlo de un sitio a otro. Si recogemos un carpóforo en el campo, lo secamos en el radiador y lo prendemos por la parte sujeta al árbol, una chispa de fuego irá recorriéndolo durante horas, permitiendo que se transporte el fuego de un lugar a otro, como se conoce hacía pastores trashumantes. Y si impregnamos un pedazo de seta seca en salitre con una mínima chispa se pondrá a arder, cual yesca. Con esta seta también se han elaborado con el sombrero, suelas de zapatos, y otros útiles. Se puede hacer un cuero fúngico con multitud de utilidades dejando láminas de la seta metidas varias semanas en una disolución de sosa caustica y luego golpeándolo con un martillo.

Por ultimo comentar una utilidad de la famosa seta de los enanitos, Amanita muscaria, la seta más pintada y representada de todas. Es una especie muy toxica y que ha ocasionado muertes, pero se recoge y vende en México como un matamoscas natural debido a su peculiaridad de atraer y matar las moscas cuando está seca.

Los hongos salvando vidas

La insulina fundamental para algunos tipos de diabéticos, los medicamentos que se toman para no rechazar un órgano trasplantado, los reductores del colesterol… ¿Sabe que todo esto procede del cultivo de hongos? Sí, estas y otras moléculas fundamentales para la salud de las personas provienen de  cultivar hongos originalmente recogidos en la naturaleza. Para ello aíslan los hongos y se ponen a crecer en biorreactores, que no son mas que unos tanques estériles llenos de agua y alimento adecuado para la especie a cultivar. El hombre les da de comer y los hongos le dan muchísimas moléculas de aplicación para nuestra salud, que luego se procesan, purifican y venden en capsulas, tabletas, inyectables, etc.

Esto es el día a día en muchas fábricas de producción de medicamentos. En algunos casos se cultiva el hongo tal cual como se recogió y aisló, como sucede con un anamorfo del hongo Cordiceps subsessilis para en la producción de Ciclosporina A. Este hongo se encuentra en la naturaleza parasitando a escarabajos perforadores de la madera y curiosamente produce la citada molécula indispensable para que un paciente que ha sufrido un trasplante no rechace el órgano trasplantado.

En otros casos se utiliza un hongo de la naturaleza que se le fuerza a mutar en laboratorio para que genere más sustancia activa, como en el caso de la penicilina. Así, el hongo Penicillium notatum que descubrió Pasteur por accidente en 1941 sigue siendo fuente de obtención de penicilinas. La diferencia que tienen de organismo original es que mediante técnicas de aceleración de mutaciones y de selección de cepas, ya es un millón de veces más productivo que el organismo de partida. Un dato que recoge la importancia de estos hongos es que se estima que una de cada 10 personas del planeta sigue viva gracias a ellos.

Por último comentar también que se producen moléculas medicinales mediante hongos modificados genéticamente, como sucede con la insulina que se inyectan los diabéticos. Ésta procede de cultivar una cepa de levadura de la cerveza, Saccharomyces cerevisae, a la que se ha insertado un gen productor de insulina.

Dejando a un lado este breve ejemplo de hongos medicinales cultivados por la industria farmacéutica. Tenemos más cercano y aplicado para nosotros el saber que existen en nuestros campos setas cuyo uso terapéutico está probado desde hace miles de años y que se pueden recoger, consumir y obtener un beneficio de ellas. Es una lástima que apenas sean utilizadas en nuestro país y que por ello se queden en campo muchas de las propiedades que poseen y de las que cualquier recolector podría beneficiarse. Sabiendo que recoger, cuándo y cómo recogerlo uno podría elaborar su botiquín de setas medicinales en casa, al igual que muchos poseen su botica de plantas.

Centrándonos sólo en Europa, si bien aparecen pocas citas de hongos medicinales para uso humano, muchas son acertadas y actualmente tienen demostradas sus virtudes. Así, en época romana y griega, hay referencias del uso del hongo yesquero, Fomes fomentarius, para cicatrizar heridas. Se utilizaba quemándolo sobre la piel afectada. Esta propiedad se considera hoy acertada ya que tienen sustancias antibióticas en su constitución.

Durante la edad media el escritor árabe, Abu l-Ala Zuhr (S. XII) cita el uso del jugo de las criadillas de tierra (Terfezia spp.) como remedio oftalmológico. También se han demostrado sustancias antibacterianas en el jugo de esta seta, lo cual podría ayudar a curar una conjuntivitis provocada por arena del desierto. Comentando setas que curan heridas y cicatrizan encontramos como excelencia los pedos de lobo (Lycopercon, Calvatia, Vascellum…). Estos ya fueron referenciados en el S. XVII para curar hemorragias y ulceras y en la actualidad siguen usándose para este fin. Además, debido a que apenas deja cicatriz, se están investigando para extraer sustancias de aplicación en cirugía.

Peligroso y sorprendente es el uso de cornezuelo de centeno (Claviceps purpurea) utilizado para facilitar el parto. Se recoge su usó por primera vez en el SVI por Creuterbuch (1582) que citaba: “probada medicina para el comienzo de los dolores de parto, si de ello se toman de tres en tres y comen varias veces”. Este es un hongo muy tóxico y que ha provocado y sigue provocando miles de muertes por gran parte del planeta, sin embargo entre sus numerosísimas sustancias tóxicas y medicinales posee moléculas que provocan contracciónes en el útero, facilitando el parto.

Si nos trasladamos al oriente allí hay constancia del uso de hongos medicinales desde hace más de 4000 años. En templos Chinos existen dibujos de la seta medicinal por excelencia: el Linghzi, Ganodermal lucidum, conocida en la actualidad como Reishi, su nombre en japonés. Este hongo es un referente a nivel mundial con sus más de 700 publicaciones médicas sobre sus uso para regular las defensas, ayudar en terapias para el cáncer, para la tensión arterial, la diabetes, antiviral, proteger y limpiar el hígado, entre otras. Sabiéndola identificar uno puede recogerla en el campo, pues existe de forma natural en la zona que trata el libro, y puede secarla, hacerla polvo y consumirla seca cuando la necesite. Otros hongos medicinales muy empleados en oriente son el kawaratake, el maitake y el shiitake. Los dos primeros se dan por nuestras zona, siendo el kawaratake (Trametes versicolor) el más abundante y frecuente. Le shiitake tenemos la suerte de encontrarlo en fruterías y supermercados.

La actividad antitumoral de algunas setas es el interés terapéutico más significativo. Así en la actualidad más de 50 hongos superiores se usan como ayuda en tumores y cánceres. Decenas de investigaciones han demostrado la utilidad antitumoral de los diferentes metabolitos que contienen, entre los que hay que destacar los polisacáridos de sus paredes celulares. Estos actúan directamente sobre los receptores de la superficie de nuestras células, como una llave a su cerradura, desencadenando eventos intermedios de señalización que conducen a una selectiva y alta eficiencia farmacológica. El flamulin de la seta de fuego, Flammulina velutipes, es un ejemplo de ello: llega a curar el 80-100% del Carcinoma de Ehrlich sin afectar a las células sanas. Esta molécula se encuentra tal cual dentro de la citada seta y siendo perfectamente comestible se puede encontrar en algunos supermercados con el nombre de Enokis. Por supuesto el medicamento con la dosificación adecuada existe en farmacias y la seta jamás debiera suplir una medicación.

A parte de estos polisacáridos, los hongos poseen multiplex sustancias activas diferentes como triterpenos, polifenoles, proteoglicanos, sesquiterpenos, esteroles, proteínas con actividad biológica… Aquí dejamos ejemplos de setas comestibles presentes en de nuestros bosques y  con moléculas activas y cuyo consumo pudiera ayudar en diferentes dolencias: la oreja de judas (Auricularia auricula-judae) posee sustancias inhibidoras de la agregación plaquetaria que previenen trombos; la ergotioneina de la seta de cardo (Pleurotus eryngii) le aporta virtudes antioxidantes enormes, semejantes a la del reishi (Ganoderma lucidum) protegiendo de mutaciones en el ADN; el polisacárido krestin del yesquero multicolor (Trametes versicolor) es usado como ayuda en tratamientos de diferentes cánceres; el peróxido de ergosterol de la seta mazo (Pisolithus tinctorius) o de la seta de plantío (Tricholoma populinum) que actúa como inmunosupresor disminuyendo las reacciones alérgicas, pero cuidad que al bajar las defensas uno puede coger un catarro; el pedo de lobo Lycoperdon perlatum, posee calvasterona, un coagulante, y ácido calvático, un desinfectante y es por ello es que cierra y desinfecta heridas, como ya se ha comentado; la seta de ostra del supermercado, Pleurotus ostreatus, que contine lovastatina, un molécula que inhibe la síntesis de colesterol y por ello reduce su cantidad en sangre; la pequeñísima seta aspirina, Marasmius androsaceus, tiene sustancias parecidas a la aspirina y por puede bajar la fiebre; la seta erizo que contiene hericinonas que puede ayudar a la natural regeneración neuronal… y podríamos llenar páginas de moléculas activas y especies de nuestros campos.

Los hongos en la industria

A parte de la comentada importancia de los hongos para la industria farmacéutica, existen muchas áreas donde los hongos son importantes y considerados. Así les encontramos en sectores tan comunes como el alimentario, o áreas tan aparentemente dispares como la moda, la electrónica o la aeronáutica.

¿Se han preguntado de donde procede el ácido cítrico de mucha bebidas de la actualidad? La mayoría procede de cultivos de el moho Aspergillus niger, que se cultivan en biorreactores, de igual forma que los antibióticos. Del cultivo de otros hongos proceden las enzimas proteasas encontradas en los jabones de las lavadoras, que destruyen restos de suciedad del tejido. El ácido glucurónico utilizado en la fabricación del vidrío para que quede reluciente también es elaborado por hongos; tambien algunas sustancias bloqueantes del papel donde escribimos; incluso el efecto de “lavado a la piedra” que presentan los pantalones vaqueros en todos los escaparates del mundo se obtienen gracias a la ayuda de secreciones de diferentes hongos.

También en la industria cosmética se están incorporando multitud de sustancias encontradas en setas e incluso las setas mismas. Schizophyllum commune, una seta frecuentísima en nuestros bosques, posee un polisacárido denominado schizophyllan que disminuye la inflamación y los daños en la piel originados por las quemaduras solares, y es por esto que ya se incorpora en algunas cremas para después del sol. El ácido láctico usado en los peeling se obtiene del cultivo del hongo Rizopus strains, y las ceramidas usadas en los cosméticos se pueden encontrar en setas como el yesquero del pino, Phellinus pini, o la trufa china, Tuber indicum, aunque esto último sólo se está mirando de forma experiental.

Si hablamos de la industria energética decir que la fuente actual principal de bioetanol producida en el planeta es producida por fermentación de azúcares con levaduras, hongos unicelulares. Pero ya se conocen otros hongos como Trichoderma reesei, que se localiza naturalmente en la resina de algunos árboles, que son capaces de transformar la celulosa en bioetano con una eficiencia asombrosa. En 2005 ya se consiguieron rendimientos de entre 10-20 centimos por cada 4 litros de etanol producidos. Con esta técnica podría producirse bicombustible a partir de restos de cultivos agrícolas, de podas de árboles, de residuos de papel destinados a reciclaje.

Los hongos también están presentes en la industria de la óptica, la electrónica y el transporte. Presentes porque son considerados un problema ya que son capaces de comerse los circuitos electrónicos, los recubrimientos orgánicos de lentes, dejándolas inservibles, o proliferar en el queroseno de los aviones, pudiendo ocasionar problemas en los mismos. La capacidad de un hongo de vivir en condiciones oligotrofas, es decir, prácticamente sin alimentos, y la capacidad de algunos de degradar plásticos, metales, y casi cualquier sustancia, hace que sean considerados en multitud de industrias como un problema.Hoy en día toda buena electrónica se somete a pruebas anti hongos de diferentes niveles, dependiendo de en qué condiciones vaya a encontrarse el circuito. Otra curiosidad es que los combustibles de aviones se les trata con sustancias antifúngicas, para que no se desarroyen redes de micelio que afecten al avión y bueno, todo buen fotógrafo sabe que el mayor problema de las lentes profesionales es que aparezca un hongo y las destroce.

En la industria agraria los hongos se están introduciendo con éxito para controlar eficazmente plagas agrícolas. Termitas, mosca blanca, escarabajos… incluso se están investigando para el mosquito de la malaria, grave problema de salud en muchas regiones del planeta. Son muy eficaces y sorprendentemente selectivos, ya que son capaces de atacar sólo a la especie problema sin alterar ninguna otra especie del ecosistema. Existen ya ejemplos de su eficacia para tratamiento de la langosta africana y se están investigando para plagas del maíz. Más aplicado para nosotros: podemos adquirir entiendas “semillas de hongos” que se puede utilizar en una casa invadida por termitas. En uno o dos días los hongos las devorarán sin afectar a nada más que a ellas.

Los hongos en los ecosistemas

La utilidad de los hongos en los ecosistemas es indiscutible. Ningún ecosistema podría funcionar sin ellos. Tienen funciones tan importantes como reciclar la materia orgánica, mejorar las especies vegetales o ayudar en la toma de nutrientes de los árboles.

Debido a que los hongos no fabrican su alimento como sí que hacen las plantas, estos están condicionados a tomarla del medio donde viven lo cual define diferentes estrategias vitales: saprofitismo, parasitismo  y simbiontes.

El saprofitismo lo poseen los hongos que se alimentan de materia orgánica muerta. Son capaces de mineralizar restos vegetales del ecosistema para que luego puedan ser aprovechados por las plantas de su alrededor. Actúan como máquinas de reciclar de los montes. Es muy frecuente luchas químicas entre hongos de diferentes grupos para apoderarse de restos orgánicos que quedan en la naturaleza, sucediéndose uno tras otro hasta dejar la materia muy descompuesta y asimilable para otros organismos como plantas, insectos, nematodos, etc. Como curiosidad se han realizado seguimientos de especies de hongos en árboles y, por ejemplo, en un haya muerto por un rayo se contabilizaros más de 100 especies de hongos en 8 años. Esto sucede a gran escala, pero también a pequeña escala, como la acícula de un pino o un excremento de un animal.

Los hongos saprofitos son los más fácilmente cultivables debido a que sólo hay que conocer qué le gusta, cosa que muy a menudo se sabe con la simple observación, y dárselo. Sin embargo conseguir que ese hongo cultivado genere sus setas, suele ser complicado. Dependiendo de la especie puede requerirse la presencia de otros organismos, como sucede con el champiñón, o cambios en las condiciones del medio como subida de CO2, inmersión en agua, cambios de iluminación…

Los hongos parásitos son los que requieren de células vivas para sobrevivir. Se alimentan de otros organismos mientras estos están vivos. Puede ser parásitos de animales, como la tiña del gato (Tinea pedis), de insectos, como ya comentados controladores de plagas, de plantas como las royas de los cultivos agrícolas, y de cualquier otro organismo. La “nicala” que se llama en algunas zonas al níscalo (Lactarius deliciosus) que carece de láminas en su sombrero es realmente una seta de Lactarius deliciosus parasitada por otro hongo, Hypomyces lateritius, que no deja que el níscalo desarrolle láminas.

Existen hongos parásitos estrictos que una vez muerto el hospedante se reproducen y mueren, cosa muy poco frecuente. La mayoría de los hongos parásitos tienen comportamiento mixto, parásitos y saprofitos: primero matan al hospedante y luego, una vez muerto, se alimentan de él. La mayoría de los hongos yesqueros que encontramos en la naturaleza pueden parecer parásitos, porque el árbol parece vivo, pero realmente están alimentándose de capas de madera muerta que tiene el árbol en su interior.

Los hongos parásitos son fundamentales para la mejora y evolución de las especies de los ecosistemas. Al matar a individuos débiles crean espacios en los ecosistemas donde crecerán individuos resistentes que se podrán reproducir y trasmitirán esta resistencia a sus hijos, permitiendo una evolución de la especie.

A nivel económico los parásitos de vegetales acaban con la producciones enormes de cosechas por todo el planeta, tanto en pie como en almacenes. Se calcula en un 15% la producción mundial destruida por hongos parásitos simplemente en campo y hay una continua lucha entre el humano y estos hongos para minimizar las pérdidas económicas y en alimentos originadas por tales especies.

Por último comentar a los hongos simbiontes, que son los hongos que se asocian íntimamente a otros organismos para ayudarlos y, a su vez, ellos obtienen ayuda del organismo al que se asocian. Los líquenes son el ejemplo de esta asociación. Aparentemente un liquen parece un vegetal, pero realmente, si lo cortamos y viéramos muy aumentado veríamos que es una asociación de un hongo filamentoso con un alga: el hongo da cobijo y humedad al alga y el alga de alimento al hongo.

La mayoría de los árboles de nuestros montes vive asociado con hongos en sus raíces, los llamados hongos micorrícicos. Estos establecen una relación tan íntima con las plantas que llegan a entrar dentro de sus estructuras radiculares donde realizan un intercambio de nutrientes. La planta entrega nutrientes al hongo y el hongo a cambio le da agua y sales minerales. Pinos, abetos, robles, chopos…. Todos tienen en sus raíces decenas de especies de hongos micorrícicos diferentes que les ayudan a sobrevivir y sin los cuales la planta moriría.

Acabar diciendo que realmente estas clasificaciones son un poco teóricas. Pocos seres vivos se ajustan únicamente a lo comentado. Así existen hongos micorrícicos que en determinadas épocas del año se comportan como saprofitos, como sucede en hongos del género Inocybe. También existen hongos saprófitos con comportamiento “depredador” que cazan gusanos microscópico vivos, llamados nematodos, como la seta gris de chopo (Pleurotus ostreatus) o la Hohembuehelis mastrucata, que es utiliza lazos corredizos para atraparlos. Y cosas más sorprendentes se encuentran en nuestros bosques, como hongos que cazan insectos para luego, con ellos, alimentar a las plantas, como se ha comprobado en Laccaria laccata y colémbolos.

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